4 Las calles

(“Estudio Histórico – Artístico de Villafranca de los Caballeros”) © 2004. María del Carmen Avendaño Pozo eltiocazuela.com. Todos los derechos reservados. Se puede copiar conservando y publicando este copyleft)

LAS CALLES

En el momento de explicar el hecho que da origen a la calle, se presentan numerosas opiniones, en la mayoría de los casos simples divagaciones y propias conjeturas. Puede que las primeras aglomeraciones respondieran a una regla fija, pero más probable es que las casas se levantaran unas al lado de las otras por puro azar. El alineamiento y paralelismo, adaptado al terreno, son las reglas más simples que podemos encontrar. Los iberos construían sus habitaciones separadas, a veces, por una avenida larga y angosta. En sus poblados se reconocía una avenida principal a la que desembocaban unas vías aun más estrechas. Cuando los romanos se asentaron en la ribera del Río Amarguillo, es posible que formaran un caserío donde sus casas mas o menos diseminadas, se erigían dando lugar a una sola calle. Y puede que el nombre de esta calle respondiera a una profesión, como nota típica del pueblo romano. La calle, para el hombre árabe, servía únicamente como lugar de paso o como simple pasillo, ”destinado a facilitar la entrada y salida de las pequeñas puertas de las casas, constantemente cerradas”.
Si el núcleo de población árabe estuvo situado en lo que hoy llamamos Cruz de Lozano podemos observar como las calles de sus inmediaciones se dispusieron radialmente, yendo a desembocar a la plaza.
Los cristianos, en este sentido, fueron poco creadores puesto que se limitaron a instalarse en las mismas casas que los árabes construyeron, sin preocuparse de cambiarlas, y como consecuencia, tampoco se ocuparon de modificar sus calles.
La configuración de la red viaria de Villafranca de los Caballeros quedo establecida en el siglo XVIII.
Ya se vio, el papel sobresaliente de que tuvo el Río Amarguillo en este pueblo, y sobre todo en la modelación de la que sería su calle principal, El Riato. Hasta el siglo XVIII este río corría por el centro del poblado, destrozando todo con fuertes riadas. También observamos cómo sus calles estaban a un nivel más bajo que el cauce del río, de ahí las constantes inundaciones de sus dos riberas.
Por estas razones, en el año 1.784, se formo, con toda prevención, la calle del Riato para libertar los edificios de las avenidas. Al mismo tiempo se hizo de 25 pasos de ancho. Cruza la villa de este a oeste. En este año, 1.784, el empiedro que se puso de guijarro se hallaba oculto por el légamo e inmundicias que dejaba la corriente. Esta falta de limpieza era la causa de que las aguas entraran en las casas y en las cuevas produciendo imprevisibles daños. En invierno, esta calle, se veía atrancada debido a esta suciedad, viciando el aire con hediondos vapores.
En 1.788, se abrió el actual cauce del Río Amarguillo.
La calle del Riato fue la que marco la organización del resto de las vías. De un lado y de otro se iban formando calles que desembocaban en la que sería su columna vertebral. A si que el núcleo de población quedo divido en dos partes.
Según el censo de 1.749, el que se matricularon todas las personas de confesión y comunión mayores de 7 años, el pueblo contaba con 18 calles. La calle mas habitada – teniendo en cuenta la modalidad del censo- es La Empedrada con 56 familias, siguiéndole la calle de San Juan con 51 familias.
El 28 de marzo de 1.788, el Administrados de Tercias de Villafranca, Don Francisco Lujan, expuso su deseo de empedrar las calles- la del Riato ya se había empedrado en 1.784-, para limpiar el pueblo de pantanos y barros que lo hacían incomodo. El Caudal de Propios pagaría el arreglo. Para llevar a cabo la empresa, de empiedro de calles, se requirió al Administrador de Tercias de Villafranca para que aprontase piedra de las que le pertenecían a Su Alteza.. “Después de la inundación del 2 de septiembre de 1.799, la calle del Riato, que es la principal, se inundo con 11 pies”.
A principios de siglo XIX había unas veinte calles. De ellas, la más poblada era la del Cristo con 80 familias, y la del Riato con 60 familias.
En 1.850 se decía que “…las calles son rectas y bien empedrada y todas con declive a la del Riato”.
Consta como el número de calles iba aumentando, paulatinamente, con los años. En 1.876 existían 24 calles, aproximadamente, siendo la más poblada la del Toledillo con 95 familias.
Las calles que no terminaban en el Riato, lo hacían en otra calle importante, o bien tenían salida a alguna de las plazas de la villa.
Unido a la calle aparece su nombre. Para el mejor funcionamiento de los pueblos, se hizo indispensable señalar sus calles. En un principio, se tomo por costumbre distinguirlas por algo que las diferenciase entre si. Se podía atender a varias razones, por ejemplo, la calle del Tesorero. Otras veces se buscaba una edificación distinguida, como la de la calle Tercia. E incluso, podía indicarnos su antiguo origen, como la popular calle del Riato. El 24 de febrero de 1.860, por una real orden, se estableció la rotulación de las calles y una metodiza numeración de casas.
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