8 Arte religioso y ermitas

Nombre

ERMITA CRISTO DE SANTA ANA: GALERÍAS y DATOS (Enlace)

(“Estudio Histórico – Artístico de Villafranca de los Caballeros”) © 2004. María del Carmen Avendaño Pozo eltiocazuela.com. Todos los derechos reservados. Se puede copiar conservando y publicando este copyleft)

ARTE RELIGIOSO

Era frecuente hacer donaciones de iglesias a la Orden de San Juan. Los miembros sacerdotes llevaban vida conventual, administraban las encomiendas y gobernaban en lo espiritual las iglesias a ellos confiadas, aunque también podían estar regidas por seculares. Si no la había, la levantaban, una parroquia en cada población.
Las parroquias, en este Priorato de San Juan, se erigieron con moldes canónicos propios y peculiares.
Villafranca de los Caballeros como localidad vinculada a la Orden Sanjuanista, estaba regida por sus estatutos, establecidos en los años 1.555 y 1.574. En el cap. 23 del til. 3º se ordenaba que fuera del cargo de la orden de restauración y reparación de sus iglesias y el surtimiento de libros, ropas y vasos sagrados. Los representantes de la Orden de San Juan y de la Dignidad de Gran Prior insistieron en que las iglesias de su territorio temporal se declarasen todas regulares. Las debían sostener las mismas ordenes, manteniendo todo su derecho sobre ellas. La dignidad Arzobispal, a veces, contribuyó generosamente a estos gastos por pura beneficencia.
El método observado sobre el modo de ejecutarse las obras, ha sido diverso En los primeros procesos, los pueblos que pedían obra para su iglesia, dirigían su pretensión al Real Consejo, y este lo pedía por Real Provisión para que contribuyese la dignidad. Después se observó variación pues en 1669 se acordó que la Dignidad Arzobispal concurriera con la tercera parte del coste de la obra. En la concordia celebrada en 1698, en su cap. 2º, se concordó que la Dignidad Arzobispal podía mandar que se restaurasen las iglesias cuando estuviesen indecentes, por derecho delegado, y en cap. 3º se acordó tocar a esta dar licencia para edificar conventos, iglesias, ermitas, etc… pero no para reedificar en el todo las iglesias y otros edificios ya fundados.
Las iglesias pertenecientes a este priorato eran reconocidas por el Señor Teniente de Gran Prior, y a partir de la Concordia de 1702 se resolvió que fuera un maestro de obras por cada dignidad.
En la Junta celebrada el 22 de octubre 1702, se pidió al Consejo que las dos dignidades contribuyesen para reparar y ornamentar sus iglesias.
Durante el siglo XVIII, según la relación de Fray Don Antonio Rodríguez de Aragón, las fabricas de las iglesias parroquiales del Gran Priorato de San Juan, tenían unas rentas tan cortas, que el Señor Infante Don Gabriel y sucesores –por ser Grandes Priores de la Orden-, se veían obligados a surtirlas de lo necesario y pagar los alcances de las cuentas de sus mayordomos. Los Propios concurrían con sus réditos a los gastos precisos, diarios e indispensables del culto divino.
Las fabricas de las iglesias tenían sus administradores y mayordomos de rentas, propuestos por las villas para un año. Pero el estado de aquellas, llego a ser tan lamentable, que los Grandes Priores determinar, para la conservación y permanencia de sus bienes, nombrar Mayordomos Administradores, inteligentes y servidores de la Religión de San Juan.ERMITAS:
ERMITA DEL STO. CRISTO DE SANTA ANA
ARQUITECTURA
Esta ermita se edifico a fines del siglo XVII o principios del siglo XVIII justo al lado de una antigua ermita dedicada a Santa Ana intramuros, al nordeste del pueblo. Sabemos que la ermita primitiva de Santa Ana existía en 1691, por un documento escrito que nos habla de cómo un reo, Agustín Fernández Mazarambroz, quebranto sus puertas y se refugió allí. Bajo los cimientos de esta capilla, cuenta la tradición, apareció la imagen del Cristo de la Veracruz, que por haberse hallado en ese lugar, dio el nombre a la ermita que, posteriormente, se erigiría en aquel recinto. El relato nos sigue diciendo, como Don Alfonso Díaz de la Beldad y Cervantes-sepultado en una de las capillas laterales del Altar Mayor-mando levantar la ermita al Santo Cristo de Santa Ana en pago a una atención especial que tuvo a bien concederle el Cristo de las Enagüillas . Después, se convirtió en Prioste Mayordomo de la Cofradía de la Hermandad de Santa Veracruz. Su esposa, Clara Manuela López y Cervantes, se enterró en la otra capilla lateral del Altar Mayor, correspondiente a la antigua ermita de Santa Ana.
La planta de la Ermita es de tipo salón, respondiendo a las características barrocas de su tiempo. Está formada de tres naves, alzadas a poca altura, separadas por arcos de medio punto sobre pilares cruciformes. El crucero no se destaca al exterior, y con cabecera recta. Esta planta siguió el modelo de otras construcciones barrocas, andaluzas, como la Iglesia de San Juan de Cuevas y otras…
Atendiendo a su extensión, vemos que tiene 32 m. y ½ en sus lados norte y sur, 19,20m su lado este o cabecera. Incluida la Sacristía. Y 15 m. y ½ el lado oeste. O zona de los pies. El crucero mide 13 m. y ½ de largo por 6,35 m de ancho. La nave central tiene 6,35 de ancho y las laterales 3,70 m.
El abovedamiento de esta ermita también responde al tipo de edificios religiosos del siglo XVIII. La nave central está cubierta por medio cañón con lunetos ciegos, y las laterales por crucería, estructuradas en tramos rectangulares por medio de fajones. Los brazos del Crucero, así como la Sacristía y la Capilla del Altar Mayor se cubren igual que la nave central. Las capillas laterales del Altar Mayor, se abren a él, y presentan bóvedas de crucería.
La bóveda central del Crucero es una cúpula semiesférica sobre pecinas, levantada sobre un cuadrado de 6,35 m. por 6,35. La clave de esta bóveda se ha transformado en un cupulillo cilíndrico, con linterna. Esta cúpula descansa sobre cuatro grandes pilares irregulares y achaflanados, con el fin de ofrecer mayor visibilidad a la Capilla Mayor. La cúpula no se destaca al exterior, en su lagar se eleva un macizo cuerpo cuadrado, con tejado a cuatro aguas.
Aparte de los cuatro compactos pilares del Crucero, las naves se hallan separadas por unos pilares cuadriformes de 1m de grosor.
El coro se construyo a los pies, extendiéndose a las tres naves, abierto por medio de una baranda de madera como herencia del periodo renacentista.
La Ermita se construyo con unos muros de 90 CMS., aproximadamente, de grueso. Su aparejo se hizo de mampostería de piedra, de varias clases, como los de la Parroquial. Sus esquinas se reforzaron con sillares, al igual que la Iglesia.
En los lunetos del muro se abrieron ventanas rectangulares con derrames hacia dentro. La deficiencia del material se suplió, mas tarde, con la riqueza de su decoración.
El solado estaba formado de baldosas de piedra rojiza de gran tamaño. Con el paso del tiempo estas losas se cubrieron de escoria para aislar el nuevo piso de madera.
En esta ermita se distinguen dos fachadas, una al oeste y otra al sur, siendo la principal la de los pies.
Elevada majestuosamente hacia poniente, se levanta una fachada lisa, con sencilla portada dominada por una espadaña. La puerta, con canceles en interior- se halla enmarcada por una decorativa moldura limitada por dos pilastras de fuste cajeado-logrando mayor claroscuro- y de alta basa, y con capitel moldurado. Estas pilastras sostienen un entablamento quebrado con el friso formado de triglifos, con gotas, y metopas lisas; con cornisa, sosteniendo dos flameros. Esta composición arquitectónica sirve de base a toro piso superior que repite el mismo esquema- de molduras y pilastras- a menor escala. Este cobija en su interior un ventanal enrejado que se corona con un pequeño frontón triangular y partido por un escudo (probablemente del de la Orden de San Juan o el del fundador de la ermita), deteriorado. Este frontón se adorna con unos pináculos, como prolongación de las pilastras. Por ultimo, el conjunto de la fachada queda rematado por una espadaña de un solo cuerpo, con vano entre pilastras cajeadas y volada cornisa.
En líneas generales, el esquema de la fachada consta de una zona rectangular culminada por un gran frontón triangular, partido, para dejar paso a la ventana que sirve de iluminación al coro interior, del mismo modo que las otras dos abiertas a os lados del almohadillado que forma la calle central. La espadaña pone el ultimo punto decorativo a la fachada, reducido exclusivamente a un triangulo central.
Esta fachada por su austeridad y recorte geométrico, viene a entroncar con lo manierista, a pesar de su fecha.
La fachada sur presenta como única ornamentación su puerta, de 2,18 m de ancho, encuadrada por sillares de piedra con decoración romboidal. Sobre ella una cornisa saliente, ventana y pináculos. El resto del muro se presenta liso, con aberturas para las ventanas. Como prolongación de esta zona sur de la ermita, se aprecia al exterior un gran ventanal formado por un arco de medio punto adovelado, perteneciente a la que fue la entrada de la Ermita de Santa Ana.
La Ermita del Santo Cristo de Santa Ana de Villafranca, fue habilitada como Iglesia mientras se llevaron a cabo las obras de nueva fábrica de la Parroquial. La opinión del maestro Francisco Sostre fue contraria esta medida, quien después de reconocer la Iglesia Parroquial y esta Ermita, vio que esta última no tenia medio para poder habilitarla por ser muy reducida e inferior en más de la mitad de pies cuadrados superficiales de lo que era la Iglesia. También encontró que no tenia altura ni capacidad para alberga a toda la población, ya que aunque tenía tres naves, solo se podía ver misa en el Altar Mayor desde la nave del centro por demasiado grueso de las pilastras. Tampoco convenía la idea porque esta ermita estaba situada en la parte más inferior del pueblo, con riesgo a inundarse, y por que no se podía aumentar su extensión. Los vecinos se quejaron de esta medida por la humedad que existía en ese lugar.
Durante la guerra civil, 1936-39, esta ermita sufrió desperfectos apreciables. Inmediatamente de ser requisada por las milicias fue convertida en cuartel y garaje para tropas de aviación y tierra.
El Cura Ecónomo Don Lucio Hidalgo Lucero, el 17 de agosto de 1947 escribió un testimonio de sus desperfectos y reparaciones. Los tejados de la Ermita sirvieron, como en la Iglesia, para entretenimiento de los niños, de ahí que se quebraran la mayoría de las tejas. Las paredes, debido a las humedades y al abandono, estaban salitrosas y, así mismo el piso -de entarimado-, estaba mugriento y roto. En el momento de reparar el edificio se comenzó por el arreglo detenido de los tejados, siguiendo por el elucido de paredes y zócalos –todo por 700 Ptas.-, para finalizar con el retoque de la pintura en los zócalos (al óleo), capillas y sacristía- por 2371 Ptas.-.; en esta última se puso suelo mosaico. Entre las cosas que adquirieron están: un armonio (2800 Ptas.), un confesionario (300 Ptas.), 10 bancos corrientes recuperados, unas andas, una mesa cajonería (450 Ptas.), una campana pequeña (2200 Ptas.) y dos lámparas araña pequeñas (400 Ptas.) luego se instalo una electrizada de seis luces.
Las últimas obras del reparo de esta ermita fue 32. 721 Pta.
Las últimas obras realizadas en esta ermita datan de 1.975.(POSTERIORMENTE HA SIDO REPARADA ESTA ERMITA).
En ella se hicieron las siguientes reformas: en las paredes interiores se puso un zócalo de mármol, el entarimado del suelo se cambio por terrazo, la verja que cerraba la Capilla Mayor desapareció, al mismo tiempo que el pulpito de hierro colocado en un pilar del Crucero- el de la derecha en dirección al Altar-, y en la Capilla Mayor se deposito una mesa de mármol en su centro.

PINTURA

Podemos asegurar que la pintura es una de las notas más sobresalientes en la Ermita del Santo Cristo de Santa Ana. Se ignora el momento de la realización de toda su decoración pictórica. El único testimonio escrito que poseemos es el que se conserva en el arco que da paso al Presbiterio y que dice: ” SE PINTO ESE CRUCERO A AESPENSAS DE DON ALPHONSO DIAZ DE LA BELDAD Y CERVANTES Y DOÑA CLARA MANUELA LOPEZ Y CERVANTES.
Si sabemos que Don Alfonso murió en 1737, la pintura podría datar de fines del siglo XVII o principios del XVIII. Posiblemente, el resto de la pintura que llena el conjunto – muros, techos, pilastras, etc,..- date de ese tiempo. Todo es una exuberancia naturalista y colorista. Los muros y pilastras presentan esta decoración a manera de pequeños tapices o colgaduras a cuyos temas predominantes son la flor con hojas, los roleos entrelazados y los arabescos. Al mismo tiempo aparecen grecas, cenefas, etc… ocupando todas aquellas zonas que en otro lugares se hubieran dejado libres. La costumbre de integrar lienzos en los muros continuos como en el manierismo.
Con el paso del tiempo, las paredes de esta ermita se vieron embellecidas con distintas figuras de santos, uno en cada tramo, rodeando todo el espacio. En el muro norte- desde el Crucero hacia los pies- se hallan, -(Hallaban),-, San Lorenzo, San Juan de Mata, San Francisco de Paula y Santa María Magdalena ante el Señor. En el muro sur, siguiendo las misma dirección-, Santa Beatriz de Silva, la Sagrada Familia, Santa Bárbara, y San Antonio de Padua. A los pies- de norte a sur-, San Vicente, San Diego, San Antonio Abad y San Isidro (dos a cada lado de la puerta).
Estas decoraciones ala fresco marcan la perspectiva por medio de la referencia que se hace al paisaje, a los árboles, edificios- en su mayoría fortalezas-, etc. Esto lo apreciamos, por ejemplo, en San Juan de Mata, o bien en las construcciones que ornamentan los lunetos de los brazos del Crucero.
La temática de santos se continúa en las enjutas de los arcos que dan entrada a las capillas laterales al Presbiterio. En la del norte aparecen Moisés y Nuestra Señora de las Mercedes, y en la del sur esta San Bernabé Y San Juan de Sahagún. Estas pinturas de santos tuvieron que ver con la familia Gómez-Chacón Díaz de la Beldad, a la que pertenecía Bernabé, Mayordomo de la Ermita desde 1918 hasta su muerte en 1973. Dicha familia fue la encargada de elegir los personajes representados en estos arcos de acuerdo con los nombres de los miembros que la integraban.
El Crucero, según vimos, fue pintado por orden de Don Alfonso y esposa. Las cuatro pilastras que sustentan el tramo central están horadadas formando cuatro hornacinas donde se encuentran depositadas imágenes de la Pasión, sobre las que hay unas frases alusivas al lugar sagrado. Las pecinas se decoraron con los cuatro evangelistas- apoyados en sus propios símbolos- a modo de medallones, en medio de una decoración vegetal simétrica. Puede ser San Marcos o San Mateo, pues no se aprecia bien el símbolo. Y, tras unas molduras imitando diferentes mármoles, llegamos a ornamentación de la cúpula. Esta se presenta dividida por ocho nervios, decorados con grecas y con variada vegetación. El tema que llena cada uno de sus plementos es el de ángeles músicos y cantores asentados encima de una balaustrada que parece separar lo terrenal de lo celestial. Los ángeles descansan, plácidamente, entre nubes y serafines y están ataviados con túnicas y medias. Un rayo de luz los envuelve. De los instrumentos utilizados cabe distinguir: un laúd, una trompeta y un cuerno. La gama de colores que embellece esta bóveda celestial es muy escasa, giran en torno al verde, ocre, bermellón y colores tierra.
Las bóvedas de las tres naves siguen la misma temática de la filigrana, la cenefa, los florones, y además, aparece un nuevo motivo, la Cruz de San Juan, de ocho puntas, blanca, sobre fondo negro, situada en el centro de las bóvedas de medio cañón.
La pintura de la Ermita ha sido restaurada en varias ocasiones, tenemos noticia de que lo fue en el año 1923, 1939, y 1976.(Posteriormente ha sido otra vez restaura, a partir de 1993).
Las pinturas del Castillo de Guadamur de Toledo y el techo de la Capilla Concepción de La Guardia de Toledo, entre otras, tienen bastante que ver con las que aquí se muestran. Igualmente, la profusa decoración pictórica del interior de la Iglesia de San Juan Francisco de Lima, en nave central, recuerda la ornamentación sobrecargada de esta Ermita del Cristo de Villafranca.
No cabe dudad de que su colorido es lo mas llamativo del conjunto, pareciendo estar destinado con complacencia a los fieles, en lugar de ofrecerse a Dios en homenaje.

ESCULTURA
En la época barroca, la imaginaria adquirió gran desarrollo. Aparecieron estatuas situadas en hornacinas, bien en el muro o en el retablo, incorporando a la ceremonia la imagen y la casi viva presencia de los santos a los cuales evocaban.
Los rústicos artesanos incurrían en una policromía intensa y abigarrada, de ahí que sus estatuas ofreciesen colores chillones y revestidas de toques violentos.
Con frecuencia, las personas que hacían algún encargo a un artistas, indicaban en un contrato las estatuas que debían figurar, por ejemplo en un retablo, precisando la expresión que se les había de dar.
En el siglo XVII surgió la imagen procesional. Se realizaba con el fin de ser vista por los fieles, sobre todo el paso procesional, para después ser contemplada en su altar. También se dieron las figuras de vestir, especie de armazón de palos que sostenía cabeza, pies y manos, unidas partes talladas, mientras que el cuerpo se sustituía con auténticos vestidos. Ejemplos de este tipo de figuras, utilizadas igualmente como paso procesional, son la Verónica, la Virgen del Rosario y la Soledad, de Villafranca.
Don Lucio Hidalgo Lucero refiriéndose a esta Ermita, dijo: “Esta pequeña Iglesia conservo siempre gran numero de imágenes ya que en ella se guardaban los pasos e imágenes de Semana Santa”.
Las escenas pintadas y las estatuas componían un gran aparato escenográfico conocido con el nombre de retablo. La ermita del Cristo guarda en el Presbiterio, como si de un tesoro se tratase, una prueba de lo que fue el retablo barroco.
Este retablo fue concebido a manera de arquitectura, formado por dos cuerpo y tres calles.
El primer cuerpo está dividido por elegantes columnas salomónicas, decoradas con racimos y pámpanos, y con capitel compuesto, adquiriendo un aire imponente de arco triunfal. El cuerpo superior es como un ancho frontón curvo, cuya decoración lateral, de palmas en espiral, recuerda las grandes volutas que remataban las iglesias barrocas italianas. Esta distribución nos acercaría a los retablos de las iglesias flamencas. Todo él se foro con pan de oro. Acabada la guerra civil en 1939, este retablo se reconstruyo en mampostería y madera.
Al volver nuestra mirada al cuerpo inferior, centramos toda nuestra atención en la imagen de Santísimo Cristo de Santa Ana cobijado en una hornacina en la calle central. Sucedía, a veces, que alrededor de una estatua, objeto de una devoción especial – el Cristo es el patrón de Villafranca de los Caballeros-, el retablo se desplegaba como un inmenso cuadro o vasto relicario. La imagen de nuestro Cristo, en voz de la tradición, apareció sepultada en la antigua Ermita de Santa Ana. De ella, lo único original que se conserva es el pie derecho y la cabeza – salvada gracias a la acción de Rito Naranjo Pastrano y guardada durante la guerra civil por su hermana Juana-, pues el resto del cuerpo pereció en esa guerra. Un taller de imagineros de Valencia reconstruyo, en 1939, la talla del Cristo de Santa Ana, basándose en una fotografía de comienzos de siglo que reproducía la primitiva figura, en madera de gran calidad y sin enagüilla. Es un cuerpo proporcionado y bello. Por el realismo y dramatismo de su cabeza podría fecharse dentro de la imaginería barroca del siglo XVII. Su indumentaria se compone de una rica engullía o tonelete. Esto nos acerca a una leyenda- conocida por todos los villafranqueros – en la que narra como un Cristo, de semejante atuendo, se apareció en un navío a Don Alfonso Díaz de la Beldad y Cervantes, en medio de una terrible tempestad. A finales de mayo de 1991, en Socuélanos fue restaurada la cabeza de esta imagen.
A ambos lados de hornacina del Cristo- en forma de cruz- se fingen otras dos semicirculares. En cada una de ellas se han colocado imágenes de Santos, hasta 1936 San Cristóbal y San José y actualmente, María Magdalena y San Juan.
Si ascendemos al segundo cuerpo de dicho retablo, vemos como está sujeto por una especie de cornisa, con canecillos ricamente ornados, que sirve de línea divisoria de ambos cuerpos. Palmas, guirnaldas y flores ambientan la parte central, ocupada en otro tiempo por una imagen de la Virgen con dos niños en sus brazos- Jesús y Juan-, dentro de un nicho casi cuadrado, reemplazándose después por un lienzo con Santa Ana y la Virgen Niña.
A menudo, un cuadro llenaba el centro de los retablos y en torno a él se ordenaba la composición. Era como la escena principal a la que todos los demás elementos complementaban.
El lienzo que hoy preside el retablo de la Ermita del Cristo de Santa Ana, data de 1939, fecha en que fue regalado con ocasión de la restauración de la pintura de esta ermita. Ahora, desde su lugar, contempla la escena de pasión que se desarrolla a sus pies. El tema de Santa Ana, iniciando a la Virgen en las Sagradas Escrituras, ha sido poco tratado, sin embargo, aquí lo vemos recordándonos la dulzura de las escenas familiares que Murillo pintara sobre la Sagrada Familia. Son figuras llenas de sosiego y tranquilidad, en un ambiente apacible y santo. Los dos personajes llenas el cuadro en su totalidad. La imagen de Santa Ana se solía sumar a la de la Virgen o Jesucristo. De ahí que esta iconografía quiera significar un rendido homenaje a su familia, cuya genealogía se hace constar en el nombre de nuestro patrón, el Cristo de Santa Ana.
Hace aproximadamente 40 años que se restauro este cuadro.
Durante la guerra civil, además de partes arrebatadas al Retablo Mayor, perecieron tres altares laterales, 22 imágenes de talla y dos carrozas. En 1939 se pusieron dos altares laterales nuevos por un importe de 9.750 Ptas.( incluida restauración de Retablo Mayor), y se compraron 6 imágenes cartón-piedra por 13.500 Ptas.

ERMITA DE SAN BLAS
En la zona donde se erigió la ermita de San Blas, en el siglo XVIII, se hallaba el mayor numero de casas del pueblo. También era un lugar muy expuesto a las avenidas del Río Amarguillo, por estar en un nivel más bajo que este. Se edifico al sudeste del pueblo. Su entrada la tiene al norte. La techumbre es de madera, a dos aguas, como la que tiene la ermita de San Antón.
Con la guerra civil desaparecieron: la imagen de la talla de San Blas, una altar, un vía crucis, 6 lienzos tamaño regular, un alba y una casulla encarnada, 4 bancos, una mesa, una campana, una zafra y otros objetos.
En 1939 se instalo un altar de madera y la Hermandad de San Blas compro la imagen que hoy día se venera, por 825 Ptas. El altar que contemplamos actualmente, lo realizaron en 1939 Florián Alberca y Pío González, para uno de los brazos del crucero para uno de los brazos del crucero de la Iglesia de Nuestra Asunción de Villafranca.
(En la actualidad se reedifico esta ermita quitando el altar de madera, siento el techo de teja)

ERMITA DE SAN SEBASTIÁN
A oriente de la villa de Villafranca, y extramuros, se levanto esta ermita dedicada a San Sebastián.
En 1703 ya estaba construida, siendo su mayordomo Cristóbal de Bustos. Es rectangular, cubierta en un principio con armadura de madera, hoy tiene cielo raso.
Esta ermita pertenecía a la Sagrada Religión de San Juan.
A ella solían acudir, al toque de campana, los vecinos para oír misa.
Por no poderse reparar en su tiempo, llego a arruinarse en 1732. Al estar sin puertas, los muchachos entraban y salían a su antojo, al igual que los animales. A pesar de ello, no sirvió para usos profanos, por lo que la devoción de los fieles quiso reedificarla con sus limosnas.
En 1783 se mando hacer un inventario de las posesiones, se reparo y fue administrada por la Iglesia.
Durante la guerra civil esta ermita también fue ocupada haciendo desaparecer la primitiva imagen de San Sebastián, de madera, una casulla blanca, un vía crucis, 4 cuadros, una zafra de aceite, y 2 bancos. A su término se coloco un altar de yeso provisional, una imagen de San Sebastián de 750 Ptas. y 2 bancos.

SAN ANTONIO ABAD
La Ermita de San Antón, como se le conoce normalmente, está situada en la extremidad oeste de Villafranca. La humedad que le era propia en la antigüedad, se debió a la proximidad del Río Amarguillo y a sus constantes inundaciones.
Su fabrica data de enero de 1718 y se debió al licenciado Juan Sánchez Panadero y a otros devotos de Villafranca.
La extensión que presenta es la siguiente: lado norte 17 metros y ½, lado sur 18 m., lado este 6 m. y ½., lado oeste 8 metros.
Con motivo de la bendición de esta ermita y colocación en ella de la imagen de San Antonio Abad, se formo una disputa entre el Comendador de la casa y hospital de San Antonio Abad extramuros de Toledo y el Prior de San Juan, en la que este alegaba:”…haber un altar del mismo Glorioso santo en la Iglesia Parroquial de dicha villa…”.
A pesar de todo, la ermita se llego a bendecir.
Sus muros son delgados, ya que desde un principio, tuvo una cubierta con armadura de madera a dos aguas y con hastíales, o en forma de artesa. La cabecera forma la Capilla del Santo, cubierta con casquete esférico de ocho nervios de sección cuadrada. Unida la capilla existe una habitación que hace el oficio de sacristía, de 4,60 metros de largo y 2,11 de ancho, en cuya pared oeste hay abierta una ventanita.
La parte este, que hoy forma los pies, fue una especie de atrio cubierto, por lo que servía de refugio a los transeúntes y razón por la que se cerró dicho espacio.
Cuando se edifico la ermita, su interior se decoro con pinturas al fresco, de colores vivos, con abundante vegetación a manera de la ermita del Cristo de Santa Ana. En 1940 se renovó la pintura haciendo desaparecer su primera ornamentación.
El altar y la imagen de San Antonio, que se venera actualmente, no son del siglo XVIII. La imagen fue quemada durante la guerra de 1936. Los vecinos de la calle de Toledo, de Villafranca, compraron la nueva imagen en 1939 por un valor de 700 Ptas. y un altar de madera nuevo por 900 Ptas.
En 1752 Juan Sánchez Panadero, presbítero de Villafranca, era el Administrador de los bienes de este Santo. Anualmente pagaba 24 reales vellón al Hospital extramuros de San Antonio Abad de Toledo.
En el año 1786, aparte de la ermita de San Antón, existían en Villafranca, las de San Sebastián, San Juan Bautista, San Blas y Nuestra Señora de la Asunción en el hospital de su nombre.
Es propiedad del santo un báculo de plata que le fue donado en 1929 por Florencio Fernández y esposa, y que solo luce el día de su fiesta, el 17 de enero.
En la guerra civil esta ermita quedo convertida en cárcel. Se destrozaron sus grandes puertas de calle, un vía crucis, una campana, 4 bancos, una mesa, una casulla blanca, un alba y una zafra con aceite. Todos los reparos costaron 7.380 Ptas.
OTRAS ERMITAS

ERMITA DE SAN ISIDRO

En 1952 la Hermandad de Labradores de Villafranca mando edificar una ermita dedicada a San Isidro en las ruinas del molino de viento del Tío Cirilo, al lado de las Lagunas. Su imagen primeramente, se venero en la Iglesia de Villafranca.

ERMITA DE SAN MARCOS
En 1956 se construyo la ermita de San Marcos, al este de Villafranca. La imagen fue adquirida por los tejeros de este lugar.

ERMITA DE SAN JUAN
La ermita de San Juan Bautista se ubico en la zona norte del pueblo. Era la única ermita exenta. Hoy día no se conserva.
Para la fiesta de este santo, el Común debía satisfacer, anualmente, la cantidad de 62 reales de vellón. Don Pedro Alfonso Díaz Hidalgo Valenzuela era el Administrados de los bienes de la referida ermita en 1753.
Patricio Díaz Avilés, maestro alarife, señalo el lamentable estado en que se hallaba la ermita en aquel año, sobre todo en el 19 de febrero en que se apuntalo una quiebra del tejado.
Otra reparación tuvo lugar en 1764, para la cual, la villa recogió 1100 reales, habiéndose regulado sus gastos en 1931 reales, por Don Alfonso de Vargas, Maestro Mayor de la Dignidad Prioral.
En 1783 también se hizo el inventario de las posesiones de esta ermita. En 1784 fue, de nuevo, mandada reparar su fábrica su altar. Y cinco años más tarde, el Contador Mayor de Toledo, condescendió con las obras realizadas en esta misma ermita.
Destruida esta ermita, se levanto otra en la segunda mitad del siglo XIX, fuera del pueblo, rectangular, dedicada al mismo santo, junto al actual cementerio, sirviendo de Iglesia Cementerial. Su fundadora responde al nombre de Doña Florentina Ropero, cuyas cenizas se encuentras allí enterradas. Su extensión es de 8 m. de largo por 5,30 m. de ancho. Fue inaugurada el 2 de noviembre 1894.
Esta ermita de San Juan paso a ser propiedad de la familia Gómez-Galán Fernández-Mazarambroz.

ERMITA DE LA SANTA CRUZ

En época cristiana se erigió la Ermita de la Santa Cruz en el lugar que conocemos por Plaza de la Cruz de Lozano.
Esta ermita tenía una cruz grande madera, una mesa, un vía crucis y varios bancos.
Hasta la guerra de 1936 esta ermita se mantuvo en pie. Al ser destruida, se emplazo en este mismo lugar una cruz, quizás como símbolo de la advocación de la antigua ermita: también puede que esta cruz tuviese que ver con las normas de Trento, en que se decía:”…en el sitio de la Iglesia o ermita profanada e ha de poner una cruz grande que no sea fácil de quitar, para indicar que allí hubo un templo consagrado a Dios y tratar el lugar con el debido respeto.

ERMITA DE SAN CRISTÓBAL
Esta ermita estaba a corta distancia de Villafranca. A ella se llegaba por el Camino que va a Tembleque, llamado: Camino de San Cristóbal.
Es una edificación extramuros, con entrada a oriente.
El bachiller Don Pedro Simón García de Yébenes la administro en 1752, y en 1784 la Iglesia se encargo de su administración, por no tener mayordomo.
En el año 1803 la ermita se arruino, Nicolás María Manrique, presbítero de Villafranca, pidió permiso para vender los despojos de la ermita, madera, y teja, y con su valor repararía las murallas dejando cerrado aquel sitio por si en lo sucesivo hubiese caudales o devotos que la quisieran reedificar y colocar la misma imagen.
(Hoy día hay una ermita de San Cristóbal en las Lagunas).

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